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Un futuro abierto

on Noviembre 30th, 2009 by Administrador

El porvenir es siempre el horizonte de los proyectos y de las incertidumbres.

Cuando el llamado tren-tranvía sea una realidad en el año 2012, habrán transcurrido ciento sesenta años desde que la reina regente María Cristina de Borbón inaugurara el primer tramo del ferrocarril que une Gijón y Pola de Laviana. Meses después, llegaba a Langreo un tren mixto de personas y mercancías.

El valle langreano y algunos municipios contiguos eran una zona privilegiada a mediados del siglo XIX, poseían una riqueza fundamental: el monarca carbón, hacia el que se movían entonces las corrientes más dinámicas de la vida económica. «Donde hay carbón, hay de todo», aseguraba el banquero sevillano Alejandro Aguado, promotor de la Carretera Carbonera y dueño de importantes explotaciones mineras en Langreo y Siero.

El tren minero y una carretera ya construida llegaban al mar, y estar cerca del mar era entonces como estar cerca del mundo. Con el ferrocarril se fundan, amplían y concentran industrias y empresas mineras. Una de esas factorías, Duro y Compañía (actualmente Duro Felguera, con presencia activa en el concejo) se convirtió pronto en la primera de todas las de España. Se organizan también formaciones políticas y societarias, algunas de las cuales siguen siendo muy influyentes.

La industrialización supuso para esta comarca un cambio de idealidad respecto al estático y estamental mundo del Antiguo Régimen. Una idealidad que fue absorbiendo inevitablemente el carácter local y rural para incorporarlo a la corriente más universal de los pueblos industriales.

Y como escribió Percy Snow, la industrialización fue la única esperanza de los pobres. Una esperanza en un sentido crudo y prosaico, pues, donde realmente se implantó, trajo consigo un gran aumento de la población, cuidados médicos, alimentos suficientes, así como la posibilidad de que todos lean y escriban, porque una sociedad industrial no puede prescindir de eso. Salud, alimentos, educación, movilidad social: sólo la revolución industrial podría haberlos hecho llegar hasta las clases más humildes.

Las Cuencas han superado la fase plena de esa primera industrialización (carbón, hierro, acero, humos y escombreras, castilletes y chimeneas), pero sus beneficios se mantienen. El carbón dejó de ser hace algún tiempo el monarca de la economía de estas tierras. Sin embargo, además de sus símbolos, reliquias, relatos, leyendas e historias, aún permanecen otras realidades presentes y actuantes derivadas de su actividad: ferrocarriles, carreteras, museos, archivos, sindicatos mineros, fondos, ayudas, activos ociosos?

El futuro es siempre el horizonte de los proyectos y de las incertidumbres. El soterramiento de las vías del ferrocarril liberará unos terrenos que transformarán sustancialmente la fisonomía urbana del municipio langreano. Desde los años setenta del siglo pasado se viene debatiendo sobre la conveniencia de que quedaran bien definidos los espacios urbanos y las actividades industriales. La polémica se mantiene viva. Y que este asunto se resuelva en uno u otro sentido puede tener considerables repercusiones para el porvenir del concejo.

fuente/lne.es/

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